Lo Mejor (2025)
December 20, 2025
LO MEJOR (2025): CUANDO SER PADRE NO ES UNA CUESTIÓN DE SANGRE, SINO DE ELECCIÓN
En 2025, Lo Mejor llegó al panorama cinematográfico latinoamericano como una obra discreta en apariencia, pero profundamente ambiciosa en lo emocional. Lejos de los grandes espectáculos visuales y de las narrativas aceleradas que dominan la industria actual, la película dirigida por Salvador Espinosa apuesta por algo más arriesgado: contar una historia íntima sobre la familia, la identidad y las segundas oportunidades, desde una mirada honesta y contemporánea.
La cinta se inscribe dentro del género de la comedia dramática, pero evita los extremos. No busca hacer reír a toda costa ni manipular las emociones del espectador con tragedias exageradas. Su fuerza reside en lo cotidiano, en los silencios, en las conversaciones incómodas y en las decisiones que se toman tarde, pero que aún pueden cambiarlo todo.
El protagonista, Gallo, es un productor de televisión exitoso que ha construido una imagen sólida en lo profesional, pero profundamente frágil en lo personal. Durante años, su carrera ha sido su refugio y su excusa. El trabajo, las cámaras y el reconocimiento público le han servido para justificar una ausencia constante en la vida de su hijo Benito. Gallo no es un villano ni un héroe: es un padre imperfecto, emocionalmente distante, que confunde responsabilidad económica con presencia afectiva.
El equilibrio precario de su vida se rompe cuando descubre que existe la posibilidad de que Benito no sea su hijo biológico. Esta revelación, lejos de convertirse en un simple giro argumental, funciona como un espejo brutal que obliga al protagonista a cuestionarse quién es, qué ha hecho y qué está a punto de perder. La película no se centra en el impacto del secreto en términos melodramáticos, sino en el vacío emocional que deja al descubierto.

A partir de este punto, Lo Mejor se transforma en una historia de viaje. Gallo decide emprender un recorrido junto a Benito, un trayecto que, en la superficie, parece una promesa pendiente, pero que en el fondo es una huida y, al mismo tiempo, una búsqueda. Cada kilómetro recorrido representa una oportunidad para hablar de lo que nunca se dijo, para confrontar errores y para descubrir que el tiempo perdido no se recupera, pero sí puede resignificarse.
La relación entre padre e hijo es el eje emocional de la película. Benito no es un personaje pasivo ni idealizado. Es un niño que ha aprendido a vivir con la ausencia, con la sensación de no ser prioridad. Su mirada es crítica, pero también vulnerable. A través de él, la película aborda el impacto silencioso que la distancia emocional de los padres deja en los hijos, incluso cuando no hay violencia ni abandono explícito.
Uno de los aspectos más relevantes de Lo Mejor es su reflexión sobre la paternidad. La película cuestiona la idea tradicional de que ser padre es únicamente un hecho biológico. En su lugar, propone una visión más compleja y humana: la paternidad como una construcción diaria, hecha de decisiones, errores, presencia y compromiso. La sangre importa, pero no lo es todo. El amor, la responsabilidad y la voluntad de estar, pesan más.
En el plano narrativo, el guion opta por un ritmo pausado que permite que los personajes respiren. No hay grandes discursos ni revelaciones abruptas. Las emociones se construyen poco a poco, a través de gestos, miradas y conversaciones aparentemente simples, pero cargadas de significado. Esta elección puede resultar exigente para algunos espectadores, pero refuerza la autenticidad del relato.
Visualmente, la película acompaña este tono íntimo con una puesta en escena sobria. Los paisajes, las carreteras y los espacios cotidianos funcionan como extensión del estado emocional de los personajes. No se trata de escenarios grandiosos, sino de lugares reconocibles, cercanos, que refuerzan la sensación de realidad. La cámara observa más de lo que impone, permitiendo que la historia fluya con naturalidad.
Las actuaciones sostienen gran parte del peso emocional del filme. El actor que interpreta a Gallo construye un personaje contenido, evitando la caricatura del padre arrepentido. Su transformación no es inmediata ni total, sino gradual e imperfecta, lo que la hace creíble. Benito, por su parte, aporta una sensibilidad que equilibra la historia, recordando constantemente lo que está en juego.
Más allá de la relación central, Lo Mejor también aborda temas como el miedo al fracaso, la dificultad de cambiar cuando se ha vivido durante años de una misma manera, y la necesidad de asumir responsabilidades emocionales en una sociedad que muchas veces prioriza el éxito individual por encima de los vínculos humanos.

En un contexto cinematográfico dominado por fórmulas seguras y narrativas espectaculares, Lo Mejor se distingue por su honestidad. No promete respuestas fáciles ni finales idealizados. Ofrece, en cambio, una reflexión sincera sobre la familia y las segundas oportunidades, recordando que nunca es demasiado tarde para intentar hacerlo mejor, aunque el resultado no sea perfecto.
Lo Mejor no es una película que se olvida fácilmente. Es una obra que invita a la introspección, que incomoda en silencio y que deja al espectador con una pregunta esencial: ¿qué estamos dispuestos a cambiar antes de que sea demasiado tarde? Porque, al final, lo mejor de la vida no siempre es lo que logramos, sino a quién decidimos no perder.
